El desarraigo es una elección. No acepta otro imperativo que el de una decisión forzada o bien pensada. No importa la distancia geográfica los puntos energéticos claves de nuestro cuerpo activan meridianos con cargas emocionales qué tonifican o dispersan nuestro sistema de respuesta. Entonces accionamos según sea el caso y vamos forjando nuevas conexiones qué lejos de cortar el flujo de energía lo fortalecen. Migrar o ser familia de los migrantes es un desafío que nos muestra las dos caras de una misma moneda.
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